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miércoles, 29 de octubre de 2008

Recuerdo de Eva Dolado II

Así despidió Santi a Eva.
Felicidad y sonrisas. ¡Qué paradoja en este día! Pero tienes razón. Aunque nos lo pida el cuerpo, no debemos despedirte con tristeza. No sería justo, no haríamos honor a tu memoria. Supiste, en todos estos años, guardarte para ti los malos momentos y repartir alegría y sonrisas. Todos te seguíamos el juego. Sabíamos, últimamente, de tu vida frágil, pero con unos chistes era mucho más llevadera. Has sido alegre aunque en épocas, la procesión te fuera por dentro. En tu cuadrilla de Txomin Barullo, del Casco Viejo, del Caserío de Orozko has repartido alegría y risas con generosidad, a manos llenas, a mandíbula batiente. ¡Cuánto nos hemos reído juntos! Y eso sí que nadie nos lo puede arrebatar.

En Txomin Barullo, vestida de lamé y boa de plumas, has sido cien veces la Reina del Cabaret. Pero tú sabes, Eva, que el estrellato tiene un precio.
Lo siento, cariño, pero en la función, la vedette, no puede fallar y el espectáculo debe continuar.

Ya sabes, Eva, que ya, nada es lo que era, y lo poco que rinde la pasarela.

¡Que menos te merecerías que una Orquesta de Cincuenta Violines Sentimentales bien afinados, unos telones de terciopelo rojo, muchas luces y espejos y en el centro, una gran escalinata dorada, para que hicieras un descenso magnífico, ¡La Dolado en todo su esplendor,con 20 boys abriéndote paso en actitud reverencial!.

Pero es lo que hay, Eva, poco atrezzo, mucho cariño y buenos recuerdos.

Señoras y Señores, que las lágrimas y la congoja se queden en su sitio, bien ocultos, oprimiendo el corazón y ¡arriba el telón!

lunes, 27 de octubre de 2008

Recuerdo de Eva Dolado I

El sábado pasado se celebró un acto en recuerdo y homenaje a Eva Dolado. Hubo emocionadas lecturas, fotos y canciones. Hoy reproduzco lo que dijo Koldo, uno de sus amigos.
Quienes estamos hoy aquí coincidiremos seguramente en que podríamos hablar de diferentes Evas. Y no sólo porque con su forma de ser abierta y expansiva Eva fuera capaz de mantener diferentes círculos de amistades, y de desarrollar muy distintas facetas de su personalidad, sino también porque ella misma fue cambiando lo largo de su vida. Creo que a lo largo de las tres últimas décadas –tiempo transcurrido desde que le conocí- Eva pasó por momentos muy diversos y experimentó vivencias muy variadas.

Por mi parte, hoy y aquí, me gustaría recordar los años de su juventud más temprana, los de aquella Eva con la mochila cargada hasta los topes de apuestas vitales y de esperanzas compartidas con tanta gente; aquellos años alegres y repletos de ilusiones, cuando todavía la vida no había comenzado a mostrarle sus rostros más ingratos.
Me gustaría recordar hoy y aquí aquellos primeros años de Bizizaleak; aquellas jornadas previas a la Aste Nagusia en las que unas y otras tribus se afanaban uniendo mecanotubos, en una desigual carrera hacia el día del txupin. Días en los que Eva miraba con una mezcla de envidia y estupor al disciplinado ejército txominbarullero subiendo y bajando, cortando y pegando, pintando y decorando la txozna … mientras en la desorganizada tropa ecologista de Bizizaleak sufríamos de lo lindo para reunir los materiales necesarios y lograr llegar a tiempo para abrir el telón.

Quién le iba a decir a Eva que algunas de aquellas personas a las que miraba desde sus entonces 17 años, acabarían siendo también su propia familia, que aquellos seres vestidos de rojo y blanco, cuyos nombres aún ignoraba, se convertirían – os convertiríais- poco después en su gente, la que le acompañaría hasta el final. Quien le iba a decir que aquél escenario, vigilado desde la altura por Groucho, y que Eva miraba con los ojos tan abiertos, le acogería también a ella para reinar sobre él y bambolearse al son de la fiesta.

Quien le iba a decir a Eva que, algunos años más tarde, sería a la vez txupinera de la fiesta con Bizizaleak y estrella del escenario en Txomin Barullo. Pero en una cabeza tan abierta y en un corazón tan grande como los de Eva, cabía eso y mucho más. Porque Eva era mujer de identidades diversas y compartidas; y no sólo en la fiesta, sino en todas las facetas de la vida.

Me gustaría recordar, hoy y aquí, aquellas noches de Bizizaleak en las que servíamos zumos y hacíamos pública profesión de fe naturista, mientras guardábamos la botella de kalimotxo debajo de la barra y el bocata de chorizo en la trastienda. O aquellas madrugadas, a veces heladoras, en las que había que aguantar aunque el cuerpo ya no respondiera, para ir a Mercabilbao a comprar lechugas, tomates y demás viandas con las que abastecer la txozna. Ahí estaba Eva siempre dispuesta, siempre sonriente, compartiendo con Amaia, con Marije, con Karolo, con Peio, con Iñaki, con Quique, con Petit, con tantas y tantas gentes, las aventuras y desventuras de la amistad, de la lucha, del amor; las cosas buenas y malas de una vida que Eva comenzaba a beberse a grandes sorbos.

Me gustaría recordar, hoy y aquí, aquellas marchas y aquellas acampadas. Aquellos años en que, con Eva, recorríamos Euskadi en bicicleta; en los que, con Eva, caminábamos una y otra vez hasta Lemoiz, hasta Garoña, hasta las Bardenas…; en los que, con Eva, acampábamos en Urkiola o nos disfrazábamos de Asterix y Obelix para luchar contra el imperio romano que encarnaban Iberduero y el Gobierno; en los que descubríamos cada día nuevas gentes, nuevos sitios y nuevas inquietudes; en los que inventábamos siempre algo nuevo, algo distinto, para gritar a los cuatro vientos nuestros anhelos y nuestros sueños.

Me gustaría recordar, hoy y aquí, aquellas caóticas reuniones y asambleas en las que Eva se cabreaba y se divertía a partes iguales; en las que Eva –sin haber cumplido aún los 20- se partía de la risa o sacaba a relucir toda su mala leche en aquellas interminables sesiones en las que rojos y verdes, ácratas y conservacionistas, abertzales y gentes de diversos pelajes, discutíamos hasta la extenuación para luego acabar, no pocas veces, emborrachándonos juntos.

Quisiera recordar, en fin, aquellos años en los que Eva transitaba del verde al rojo, mientras yo lo hacía del rojo al verde, y tuve la suerte de conocerla en aquel cruce de caminos, y de compartir con ella muchos momentos inolvidables.

Koldo. Bilbao, 25 octubre 2008.

sábado, 18 de octubre de 2008

Un día duro

Hoy he tenido un día duro y variado. Ha empezado triste, muy triste, pues en un emocionante acto hemos despedido a nuestra amiga Eva Dolado. Cuesta mucho decir adiós a quien tenía 20 años menos que uno. Es la sensación de que no le tocaba a ella, de que estábamos otros por delante. Esto es aún mas impresionante cuando Eva era pura dinamita. Así que empecé el día emocionado y llorando.

Luego, no he parado en todo el día. Entre otras cosas un Taller de presentaciones del que hablaré otro día

Pero señalo el otro lado de la moneda del día. Me dice un amigo "me tengo que ir pero es que mis padres se casan hoy". No puedo resistirlo, sus padres también son mis amigos. Me voy a la boda. Me resulta emocionante ver a una pareja de gente a los que quiero que después de vivir 26 años sin papeles decidan, con toda sencillez, pero sin quitarle su importancia pasar por el juzgado. No había anillos pero había cariño y amor.

jueves, 16 de octubre de 2008

Eva Dolado ha muerto

Eva era mi amiga y también la de mucha gente. Siempre la vi como una chiquilla joven, pues siempre tuvo algo así como 20 años menos que yo. Así que envejecíamos, pero siempre la miré como una chavala. Mordaz, descarada, cariñosa, diva, vital, marchosa, sexy, protestona, peleona con sus desgracias, caprichosa a veces, superviviente, salsera, siempre viviendo en algún alambre.

Mientras escribo esto, me acuerdo y me acuerdo. Miro en Internet para encontrar sus resonancias. La veo como txupinera de Bizizaleak, de ecologista antinuclear, de jefa de turno en Txomin Barullo o en el EMK Zirkus. La veo en sus talleres de escritura para mujeres, la veo en algún concurso de poesía, inaugurando bares, en los toros o en la presentación de un libro sobre el abril de los claveles portugués.

Quiero no quitármela de la memoria, para poder seguir disfrutando de su recuerdo. Creo que lo conseguiré, pues Eva es inolvidable.